Casa en Tineo: Restauración sin borrar el pasado.

Este proyecto se basa en una casa familiar de más de cien años ubicada en la Plaza de las Campas, en Tineo. Sus gruesas paredes de pizarra, las antiguas vigas de madera del suelo y la geometría irregular que ha evolucionado a lo largo de las generaciones constituyen tanto el valor de la casa como el principal reto de su restauración.

La renovación no pretende devolver al edificio una imagen idealizada del pasado ni sustituir indiscriminadamente todo lo existente. El objetivo es preservar su carácter material y doméstico, reforzando el diálogo entre la piedra y la madera mediante una nueva estructura capaz de adaptarlo a las necesidades actuales.

Tineo con vistas al valle
Vistas del valle de la antigua cocina

La casa ahora está organizada en torno al “llar”: : un espacio abierto y común que combina la cocina, el comedor y la sala de estar (Un “filandón” es una reunión nocturna invernal de vecinos donde realizan trabajos manuales mientras cuentan cuentos, leyendas e historias, normalmente alrededor de un “llar”)..

Las plantas superiores albergan ahora los dormitorios y exploran la posibilidad de aprovechar el espacio bajo el tejado mediante un ático diáfano. La planta baja mantiene su conexión directa con la plaza, funcionando como entrada, garaje y trastero.

La casa antes de la renovación

Antes de la renovación, la casa estaba organizada en una secuencia vertical muy estricta. La planta baja, que servía de entrada y trastero, incluso había sido utilizada como establo. Los pisos superiores estaban fuertemente compartimentados por antiguas particiones de barro y madera, que dividían los espacios en habitaciones pequeñas y mal conectadas. La cocina aún conservaba una vieja estufa de leña, y la casa no tenía ni bañera ni ducha: la higiene personal se realizaba mediante un lavabo situado en la propia cocina, lo suficientemente grande como para entrar de pie. Bajo el tejado, la estructura de madera y la pendiente del mismo definían un espacio secundario que apenas se utilizaba.

Los planes de piso de la vivienda existente.
Planta baja, primer piso de la losa—ex de los animales de los establos.
La estructura de castaño del segundo piso.
Un antiguo horno en el segundo piso.
La interacción de la madera y la pizarra en el tejado.
Las paredes de piedra conforman el cerramiento.
Una organización vertical

El proyecto mantiene una clara estructura jerárquica, pero transforma la relación entre sus niveles. La casa ya no se concibe como un conjunto de habitaciones independientes, sino que se organiza como una secuencia de espacios conectados por la escalera, la luz y la continuidad de los materiales.

Cada nivel tiene su propia función.
Una propuesta para los antiguos establos, ahora se utiliza como un garaje/espacio de almacenamiento.
El “llar” como el corazón del hogar

La primera planta está concebida como el centro de la vida cotidiana. La cocina, el comedor y el salón ya no son estancias separadas, sino que se unen para formar un único espacio compartido: una interpretación contemporánea del "llar" asturiano, no como una reproducción literal de una estancia histórica, sino como un lugar de encuentro, calidez y convivencia.

El primer piso es el "Llar" y de la familia en el lugar de reunión.
El segundo piso es donde están ubicadas las habitaciones.
Un diseño que aún está abierto a la interpretación.

Si bien el uso general de cada nivel es bastante claro, la organización interior de la vivienda aún implica varias decisiones importantes. La planta baja conserva su función como entrada, garaje y trastero; el primer piso se concibe como el "llar", el espacio común alrededor del cual se reúne la familia; y el último piso se destina a los dormitorios.

Sin embargo, saber qué función cumple cada planta no implica saber cómo debe organizarse. El principal dilema surge en lo que respecta a las habitaciones privadas. La planta puede albergar tres habitaciones relativamente compactas, dos habitaciones más amplias o dos habitaciones complementadas con un espacio habitable en el ático bajo el nuevo tejado.

Esta última opción permitiría un mejor aprovechamiento de la altura existente y liberar espacio en la planta inferior, aunque también requeriría una nueva escalera, requisitos más estrictos de aislamiento, iluminación y seguridad, y una relación diferente con la estructura del tejado.

La ubicación de la escalera es igualmente crucial. Si bien colocarla en el centro podría distribuir el acceso de manera más equilibrada y acortar las distancias a recorrer, también fragmentaría la planta y ocuparía parte de su espacio más útil.

Trasladarlo a uno de los laterales liberaría una zona más continua para los dormitorios, aunque podría resultar en rutas de paso menos directas y afectar la relación con el corredor asturiano, las aberturas existentes y los nuevos balcones.

Cuando el sistema de construcción determina el plano de planta

Estas decisiones son inseparables del sistema constructivo. Una solución con paneles CLT, un sistema de entramado ligero industrializado o una estructura convencional de vigas de madera no ofrecen exactamente la misma libertad ni requieren el mismo grado de definición previa. La ubicación de escaleras, aberturas, soportes y cualquier posible espacio de ático afecta directamente a los cálculos, la fabricación y el coste.

Al mismo tiempo, elegir un sistema demasiado pronto puede acabar condicionando la distribución antes de que se haya resuelto por completo la cuestión de cómo se vivirá en la casa. Por lo tanto, el proyecto llega a un punto en el que la arquitectura, la estructura y el presupuesto deben avanzar de forma conjunta.

Se trata de determinar qué cambios son realmente necesarios, cuáles se pueden adaptar a las paredes y la distribución existentes, y qué solución permite preservar el carácter de la vivienda sin convertir la reforma en una reconstrucción desconectada de su historia.

Piedra y madera: continuidad sin imitación

La reforma busca que los nuevos elementos no compitan con la casa existente ni pretendan pertenecer al pasado. La pizarra conserva su peso, su irregularidad y las huellas del tiempo; la nueva madera aporta precisión, ligereza y un enfoque contemporáneo a la construcción. El atractivo del proyecto reside precisamente en este encuentro: no ocultar la diferencia, sino asegurar que ambos materiales conformen una nueva unidad doméstica.

Un proyecto entendido como un proceso

Más que una solución definitiva, el proyecto se desarrolla como un proceso de investigación sobre cómo intervenir en la arquitectura tradicional asturiana sin borrar sus huellas, incorporando nuevas técnicas de construcción y permitiendo que la casa siga siendo habitada durante muchas generaciones.